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    Economía participativa


    http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%..._participativa
    Valores

    Los valores que la economía participativa parten de una premisa libertaria que busca fomentar son la equidad, la solidaridad, la diversidad y la autogestión de los trabajadores, y el equilibrio ecológico. Propone para estos fines los siguientes principios e instituciones:

    • consejos de productores y de consumidores autogestionados en su toma de decisiones,
    • complejos equilibrados de trabajo,
    • remuneración de acuerdo con el esfuerzo y el sacrificio, y
    • planificación participativa

    Los defensores de parecon dicen que, la intención es que los cuatro ingredientes principales de parecon deben ser aplicadas con un mínimo de jerarquía y un máximo de transparencia en todos los debates y la toma de decisiones. Este modelo está diseñado para eliminar el secreto en la toma de decisiones económicas, y en su lugar alentar la cooperación amistosa y el mutuo apoyo.



    http://zinternational.zcommunication...503albert2.htm
    Economía participativa

    por Michael Albert

    Primero de todo, como todos vosotros yo también desprecio al capitalismo. Yo no quiero una economía en la que Bill Gates posea la misma riqueza que la población de Noruega. No quiero que la gente sin hogar viva bajo puentes y que los directores generales tengan grandes mansiones. No quiero que la gente se desplume una a otra, inconscientes del bienestar social, compitiendo por las migajas de unas fortunas. No quiero que exista un mundo competitivo en el que la mayoría de la gente pierda, y que los ganadores sean los más grandes y malvados. No quiero dictaduras corporativas en las que la mayoría de la gente no tiene dignidad, influencia, poder o incluso comida. No quiero que existan los mercados ni la planificación centralizada. No quiero un salario esclavizante. No quiero una división en clases ni un dominio clasista.
    No quiero una economía que dé origen a personas como Bush y Rumsfeld - gente con un tremendo poder que creen que si eres afgano eres prescindible, que si eres iraquí eres prescindible, que si eres palestino eres prescindible, que si eres coreano eres prescindible, que si eres venezolano, argentino, o brasileño eres prescindible, o si eres del Bronx, o de Watts, o de hecho si eres de cualquier otro sitio que no sea de la clase familiar dominante o del electorado de Bush y Rumsfeld, eres prescindible. Lo que es realmente prescindible es el capitalismo. Y nosotros somos, junto a millones de personas más, quienes debemos eliminarlo de la historia.
    Pero si no queremos capitalismo, ¿qué queremos en su lugar? Si creemos que otro y mejor mundo es posible, ¿cuáles son sus características?
    En vez de gente cenando caviar y con sus propios aviones privados y otra gente comiendo basura y viviendo bajo los puentes, queremos un reparto equitativo de los bienes y de las situaciones económicas.
    En vez de jerarquías de poder con propietarios capaces de trasladar grandes industrias y dejar los desperdicios a las regiones y a su población, y con directores e intelectuales capaces de decidir incluso cuándo pueden los trabajadores ir al baño y el provenir de nuestras vidas, y con cerca de un 80% de la población - la clase trabajadora - no teniendo prácticamente nada que decir sobre sus situaciones económicas, desde cuánto deberían trabajar, a qué hacer, cuándo hacerlo, y qué producto fabricar -queremos una estructura sin clases y en la que exista una toma de decisiones auto-gestionada. Queremos que la gente contribuya a las decisiones en la proporción en la que éstas les afectan.
    En vez de un reparto de los recursos competitivo y autoritario que aumente los beneficios y el poder de la clase dominante, queremos un reparto de los recursos cooperativo y auto-gestionado que aumente el bienestar social, el desarrollo y la justicia.
    La Economía Participativa es una alternativa económica al capitalismo y también a lo que en Rusia, China, y en otros países, oportunamente se le ha denominado socialismo.
    La Economía Participativa rebate la grotesca afirmación de Margaret Thatcher de que "no hay alternativa". Thatcher nos quiere hacer creer que el sufrir la pobreza y la humillación es tan inevitable como la gravedad, que es ley de la vida. Pero eso es mentira.
    La alternativa económica llamada Economía Participativa, o parecon (abreviatura en inglés), se construye sobre cuatro valores principales, y usa cuatro instituciones determinadas para llevar a cabo esos valores.
    El primer valor es la solidaridad. La economía afecta a cómo interactúa la gente. Afecta a las actitudes que en general tienen las personas hacia otros.
    El capitalismo es un sistema vacío en el que para conseguir salir adelante uno debe pisotear a los demás. Debes ignorar el horrible dolor que sufren aquellos que se quedan debajo o debes literalmente pisotearles, aplastándoles bien. En el capitalismo, un famoso entrenador de béisbol de un equipo llamado los Yankees, solía decir "los chicos amables quedan los últimos", lo cual es en realidad una horrible crítica al cambio del mercado. Mi versión de esa idea es que en el capitalismo "la basura sube". Mirad, de nuevo, a nuestros exaltados dirigentes.
    La Economía Participativa o parecon, es en contraste intrínsecamente una Economía Solidaria. Sus instituciones para la producción, el consumo, y la asignación de recursos no destruyen o impiden el mutualismo y la solidaridad sino que en vez de eso impulsan incluso a la gente antisocial a tener que conseguir el bienestar de los demás. Para salir adelante en parecon tienes que actuar sobre la base de la solidaridad.
    Y este primer valor en parecon es totalmente indiscutible. Sólo un sicópata podría argumentar, si no intervienen otros factores, que una economía es mejor si provoca hostilidad y comportamientos antisociales. Toda persona cuerda argumentará que, si no intervienen otros factores, una economía es mejor si produce solidaridad. Así que aquí tenemos nuestro primer valor: la solidaridad.
    El segundo valor que queremos para que una buena economía progrese es la diversidad. La economía afecta a la gama de opciones que la gente tiene en su trabajo y en el consumo.
    El mercado capitalista homogeniza las opciones. Nos hace creer que fomenta las oportunidades pero de hecho restringe las vías de satisfacción y desarrollo, reemplazando todo aspecto humano y preocupándose sólo de lo más comercial, rentable, y especialmente con lo que esté más acorde con el mantenimiento del poder dominante y la riqueza.
    Pero una Economía Participativa es una Economía Diversa. Las instituciones de parecon para la producción, el consumo y la asignación de recursos no sólo no reducen la variedad, sino que acentúan las opciones de encontrar diversos caminos y soluciones a los problemas. La Economía Participativa reconoce que somos seres finitos que podemos beneficiarnos disfrutando de lo que otros hacen y que nosotros no tenemos tiempo de hacer, y también que no somos seres infalibles y que no debemos poner todas nuestras esperanzas en un solo modo de avance, sino protegernos contra posibles daños intentando mantener y explorar diversos caminos y opciones.
    Y también este valor es completamente indiscutible. Se requeriría a una persona tremendamente perversa para argumentar que, si no intervienen otros factores, una economía es mejor si reduce la gama de opciones. En vez de eso, todo el mundo argumentará que una economía es mejor si produce y protege la diversidad. Así que aquí tenemos nuestro segundo valor: la diversidad.
    El tercer valor que queremos para que una buena economía se desarrolle es la equidad. La economía afecta a la distribución de la producción entre sus actores. Ello determina nuestro presupuesto o qué parte de la producción social recibimos.
    El capitalismo recompensa de un modo abrumador la propiedad y el poder de negociación. Afirma que aquellos que tienen un documento de propiedad productiva, en virtud de tener ese trozo de papel y nada más, mereces beneficios. Y dice que aquellos que tienen un gran poder de negociación basado en cualquier cosa, desde el monopolio del conocimiento o las técnicas, hasta el poseer mejores herramientas o ventajas organizativas, haber nacido con un talento especial, o ser capaz de imponerse por la fuerza bruta, les da derecho a todo lo que puedan conseguir. El capitalismo en este sentido recoge la moral de Al Capone y la de la escuela de negocios de Harvard, las cuales son, aparte de aspectos sin importancia, idénticas. Tú consigues lo que puedes tomar, el resto obtienen los restos o nada en absoluto.
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  2. #2
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    Pero una Economía Participativa es una Economía Equitativa en la que sus instituciones para la producción, el consumo y la asignación de recursos no sólo no destruyen o impiden la equidad, sino que la fomentan. Pero ahora surge una complicación. ¿Qué entendemos por equidad? Y esto sí es controvertido.
    Parecon por supuesto rechaza el recompensar la posesión de propiedades. Y por supuesto también rechaza recompensar el poder. Pero, ¿qué pasa con la productividad? ¿Debería ser remunerada la gente por el volumen y el valor de las cosas que producen? ¿Deberíamos recuperar del producto social una cantidad igual a lo que hemos producido como parte de la producción social? Esto parece equitativo... ¿pero lo es?

    Suponiendo que realicen el mismo trabajo durante el mismo período de tiempo y con la misma intensidad, ¿por qué debería alguien que tiene mejores herramientas obtener más ingresos que alguien con peores herramientas? ¿Por qué debería ser mejor recompensado alguien que produce algo muy valioso que alguien que produce algo de menos valor, aún siendo igualmente deseado por la sociedad , si ambos trabajan el mismo número de horas y con la misma intensidad en un trabajo similar con efectos comparables sobre la calidad de vida? ¿Por qué debería alguien que tuvo suerte en la lotería genética, obteniendo quizá genes para ser más grande, o más fuerte, o tener unos reflejos más rápidos, o talento para la composición musical... ser recompensado en mayor medida que alguien que tuvo menos suerte genéticamente, suponiendo de nuevo que ambos trabajan en su campo con la misma intensidad y el mismo nivel de esfuerzo e incomodidades?
    En una Economía Participativa, para todos aquellos que puedan trabajar, la remuneración se obtiene en relación al esfuerzo y al sacrificio.
    Si dos personas van al campo a recoger la cosecha y una de ellas es mucho más fuerte o tiene mejores herramientas, y ambos trabajan durante el mismo tiempo y empleando el mismo esfuerzo bajo el mismo sol... entonces, aunque incluso el que tiene mejores herramientas haya recogido más cantidad de cosecha al final del día, en una Economía Participativa ambos obtendrán el mismo salario por igual esfuerzo y sacrificio.
    Si un gran compositor crea una obra maestra y un buen compositor crea sólo una pieza admirable y cada uno de ellos trabaja el mismo tiempo y lo hizo bajo las mismas condiciones , entonces en una Economía Participativa, ganarían lo mismo, aunque la productividad sea sensiblemente diferente.
    Si trabajas durante más tiempo, obtendrás un salario mejor. Si te esfuerzas más, obtendrás un salario mejor. Si trabajas en peores condiciones y en tareas más pesadas, obtendrás un salario mejor.
    Pero no obtendrás un mejor salario por tener mejores herramientas, o por producir algo que resulta ser más valioso, o incluso por tener un gran talento productivo innato. Y en cuanto a las habilidades adquiridas, la gente será recompensada por el trabajo que implica su adquisición, por el esfuerzo y el sacrificio realizados, pero no por los beneficios resultantes.
    Recompensar sólo el esfuerzo y el sacrificio que la gente emplea en su trabajo es algo controvertido. Algunos anti-capitalistas creen que la gente debería ser recompensada por los beneficios, de modo que un gran atleta debería ganar una fortuna, y un buen doctor debería ganar mucho más que un granjero que trabaja duro o un cocinero de baja categoría. Parecon rechaza esa regla. De hecho, en una Economía Participativa, si una persona tiene un trabajo agradable, cómodo, placentero y muy productivo, y otra persona tiene un trabajo pesado, que debilita, y menos productivo, pero también socialmente valioso, la última persona sería la que ganaría más, no la primera.
    Así, tenemos nuestro tercer valor, uno controvertido. Queremos una buena economía que remunere el esfuerzo y el sacrificio y, por supuesto, proporcione de todas formas unos ingresos completos cuando la gente no pueda trabajar, . No sabemos si podemos hacer esto sin unas duras y contrapesadas consecuencias, pero si podemos conseguir este tipo de equidad, desde luego que deberíamos querer alcanzarlo.
    El cuarto y último valor sobre el cual está construido parecon tiene que ver con las decisiones, y se denonima auto-gestión. La economía afecta al nivel de opinión de cada sujeto en las decisiones sobre la producción, el consumo y la asignación de recursos.
    En el capitalismo los propietarios y los capitalistas tienen un gran nivel de decisión. Los directores y los trabajadores de alto nivel intelectual que monopolizan diariamente las influencias en la toma de decisiones, como los abogados, los ingenieros, los agentes financieros y los médicos, tienen un nivel de decisión importante. Y algunas personas no poseen prácticamente ningún tipo de decisión. De hecho, la gente que lleva a cabo empleos memorísticos y obedientes raramente conoce las decisiones que se toman, y mucho menos como les afectan.
    Dentro de las empresas capitalistas existe una jerarquía de poder que es incluso mayor que en las dictaduras. El mismísimo Stalin nunca soñó poder exigir que la población rusa debiera pedirle permiso para ir al baño... una condición que es muy frecuente para los trabajadores de las empresas.
    Pero una Economía Participativa es una economía democrática. La gente controla sus propias vidas de acuerdo a niveles dignos. Cada persona posee un nivel de decisión que no incide en personas que tienen el mismo nivel de decisión. Nosotros influimos en las decisiones en la proporción en la que ellas nos afectan. Esto se denomina auto-gestión.
    Imagina a un trabajador o a una trabajadora en un gran grupo. Él o ella quiere colocar un cuadro de su hija en su puesto de trabajo. ¿Quién debería tomar esa decisión? ¿Debería decidir alguno de los dueños? ¿Deberían decidir todos los trabajadores? Obviamente, nada de eso parece sensato. El trabajador de cuyo hijo se trata es el único que debería decidirlo, solo, con toda la autoridad. En este caso concreto, él o ella debería comportarse literalmente como un dictador.
    Ahora supón que el mismo trabajador o trabajadora quiere colocar una radio en su escritorio, y ponerla muy fuerte escuchando rock and roll chillón o incluso heavy metal. ¿Quién debería decidir ahora? Todos sabemos intuitivamente que la respuesta es que aquellos que oyeran la radio deberían tener algo que decir. Y que aquellos que resulten más perjudicados- o más beneficiados - deberían tener un mayor grado de decisión.
    Y en este punto, ya hemos llegado a una útil toma de decisiones de vis a vis. No necesitamos a un experto en filosofía. No necesitamos un lenguaje incomprensible. Simplemente nos damos cuenta de que no queremos todo el tiempo normas como la de una persona un voto o la del 50 por ciento para ganar la mayoría. Tampoco queremos que cada persona tenga siempre un voto ni que para llegar a un acuerdo se requiera siempre algún tipo de porcentaje. Tampoco queremos que una persona decida siempre autoritariamente, como un dictador. Tampoco queremos que haya siempre consenso. Tampoco queremos que haya siempre un enfoque distinto. Todas estas maneras de tomar una decisión son sensatas en unos casos y horribles en otros.
    Lo que esperamos llevar a cabo cuando elegimos tanto un modo para tomar las decisiones como unos procesos asociados de discusión, planificación del programa, y así sucesivamente, es que cada sujeto debe tener una influencia sobre las decisiones en proporción al grado en que le afecta.
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    En realidad, la lógica es bastante simple. Si no tenemos todos una opinión sobre las decisiones en la medida en que nos afectan, entonces determinadas personas tendrán una opinión superior que la proporción en que la decisión les afecta, y otros tendrán una opinión menor a cómo les afecta la decisión, pero no existe una base moral para tales diferencias, ni siquiera una argumentación sobre los motivos para alcanzar las mejores decisiones. La experiencia es desde luego fundamental para alcanzar buenas decisiones, esto es, para generar y proporcionar información acorde con las decisiones. Y sí, la experiencia también juega un papel cuando logramos manifestar realmente nuestras preferencias, porque, de hecho, cada uno de nosotros es el mayor experto mundial en nuestras propias preferencias, así que cada uno de nosotros es responsables de expresarlas. Así que aquí tenemos nuestro cuarto valor: la auto-gestión.
    Hay otro valor que quiero mencionar, aunque desde luego es más general y realmente casi un tópico.
    En una Economía Participativa queremos ser Eficientes.
    ¿Os produce algo de náusea esa palabra a alguno de vosotros? A mí sí. Pero necesitamos superar eso, porque la eficiencia significa realmente la búsqueda para lograr nuestros objetivos y, de esa forma, no desaprovechar las cosas que apreciamos. Por lo tanto todos deberíamos ser partidarios de la eficiencia. La alternativa a preferir la eficiencia es, o ser partidarios de no lograr nuestros objetivos, o de desaprovechar cosas valiosas.
    Así que, ¿cuál es la razón de que esa palabra produzca algo de náusea? En el capitalismo las preferencias de los propietarios se convierten en los fines más solicitados y lo que aprecian los propietarios no se desperdicia. Así que en el capitalismo la eficiencia significa el buscar el máximo beneficio mientras se reproducen las condiciones para obtener beneficios sin desperdiciar las ventajas que los propietarios puedan explotar. A los capitalistas no les importa destruir seres humanos con enfermedades pulmonares, o exterminarlos con armas o con hambre, cuando la gente afectada es prescindible en lo que concierne al beneficio. A los capitalistas no les importa que sus trabajadores enfermen debido a la contaminación en sus puestos de trabajo. No les importa reventar o destruir bienes que ellos no puedan explotar, aunque otros sufran por su pérdida. En el capitalismo ser eficiente significa ser miserable, porque el capitalismo es un sistema miserable - y a esto se debe que le tengamos algo de antipatía a la palabra eficiencia tal como se usa a nuestro alrededor.
    Pero en parecon ser eficiente significa producir, consumir y repartir los recursos de acuerdo a necesidades ya conocidas y desarrollar potenciales coherentes con la solidaridad, la diversidad, la equidad y la auto-gestión. Y significa no malgastar nada de lo que podamos disfrutar o de lo que nos podamos beneficiar. Así que, por supuesto, una Economía Participativa debería ser eficiente en este sentido concreto.
    Ahora que tenemos unos valores orientativos, podemos juzgar la economía e intentar describir una que todos consideremos encomiable.
    En pocas palabras, para juzgar las opciones existentes - la economía de propiedad privada, la economía de mercado, la economía de planificación centralizada, la economía con divisiones corporativas de trabajo y la economía que recompensa la propiedad o el poder o incluso la productividad - todas fracasan al proponer los valores que ahora consideramos correctos. Se trata de economías anti-sociales, autoritarias, injustas, no ecológicas, sin compasión y divididas en clases y gobernadas por clases. Son economías opresoras e indignas. Destruyen la solidaridad, reducen la diversidad, aniquilan la igualdad, y ni si quiera comprenden la auto-gestión. Así que rechazamos la propiedad capitalista, el mercado, la planificación centralizada, las divisiones corporativas del trabajo, y remuneración de la productividad o el poder.
    La Economía Participativa se construye sobre unas cuantas opciones institucionales centralmente definidas, distintas de que aquellas que rechazamos.
    Los trabajadores y los consumidores necesitan un lugar para expresar y perseguir sus preferencias. Históricamente éstas han sido instituciones donde los trabajadores se reúnen. En los lugares de trabajo los llamamos consejos de trabajadores. Con respecto al consumo, los llamamos consejos de consumidores. Los consejos hacen que toda la gente crezca para intentar tomar el control de sus vidas económicas... eso ha ocurrido virtualmente en cada época de la historia, más recientemente en Argentina. Los consejos son órganos dirigidos directamente por los trabajadores y los consumidores. Entre los anti-capitalistas, no creo que el favorecer a los consejos sea algo polémico, aunque no para todos ellos constituye una prioridad como para los Pareconistas.
    Pero en una Economía Participativa, dentro de los consejos, existe un compromiso adicional para usar los procedimientos de toma de decisiones y los modos de comunicación de se asignan a cada sujeto, a cerca de cada decisión, con un nivel de opinión proporcional al nivel en que a él o ella le afecta. A veces será el típico modo democrático de votación, a veces el consenso, a veces otras opciones. Pero nunca será un dominio permanente de unos pocos sobre la mayoría.

    Así que en una Economía Participativa los trabajadores y los consumidores se organizan en consejos democráticos cuya regla para tomar decisiones es que los métodos para propagar la información a los que toman las decisiones, para llegar a las preferencias y para luego concordarlas con las decisiones, deberían expresar la influencia de cada sujeto sobre cada decisión en proporción al grado en el que se ve afectado cada sujeto por ellas.
    Los consejos se transforman en el lugar donde se asienta el poder para la toma de decisiones y existen a muchos niveles, incluyendo a trabajadores y consumidores individuales, subunidades como grupos y equipos de trabajo, y unidades superiores como divisiones, centros de trabajo e industrias completas, así como barrios, comunidades y estados completos.
    La gente es la que toma las decisiones económicas en los consejos. Las votaciones pueden ser por mayoría, tres cuartos, dos tercios, consenso u otras posibilidades. Se llevan a cabo a diferentes niveles, con muchos o pocos participantes, y con diferentes procedimientos, dependiendo de las implicaciones particulares de las decisiones en cuestión. A veces un centro de trabajo al completo o incluso una industria entera sería el cuerpo decisorio. Las diferentes votaciones y métodos para contabilizar serían empleados según se necesitase para diferentes decisiones. No hay una simple solución correcta a priori. Sin embargo, hay una norma correcta para intentar aplicar esto de una manera eficiente y sensata: la introducción de un proceso para tomar decisiones se debería hacer en proporción a cómo es afectado uno por las decisiones.
    El siguiente compromiso institucional de una Economía Participativa sería remunerar en base al esfuerzo y al sacrificio, no en base a la propiedad, el poder, o incluso el rendimiento.
    Nosotros trabajamos. Esto nos da derecho a compartir el producto de nuestro trabajo. Pero esta nueva visión supone que debemos recibir por nuestro trabajo una cantidad acorde con lo duro que hemos trabajado, con el tiempo que hemos empleado, con qué tipo de sacrificios hemos soportado en nuestro trabajo. No deberíamos obtener más ingresos porque seamos más productivos debido a que tenemos mejores herramientas, mejor técnica, o un mayor talento innato, y mucho menos debido a que tengamos menos poder o no poseamos más propiedades. Deberíamos tener derecho a un mayor consumo sólo en virtud de un mayor empleo de nuestro esfuerzo, o por el contrario, soportando más sacrificio. Esto es moralmente correcto y también proporciona los incentivos apropiados debido a que se recompensa sólo en lo que podemos influir, y no en lo que no podemos.
    ¿Quién decide cómo de duro hemos trabajado? Nuestros consejos de trabajadores en el contexto del amplio marco económico establecido también por otras instituciones. Si tú trabajas más, tendrás derecho a una mayor cantidad de producto social. Si trabajas más intensamente, de nuevo tendrás más derecho a un mayor salario. Si trabajas en tareas más pesadas, peligrosas o aburridas, de nuevo, tendrás derecho a un salario mayor. Pero no tendrás derecho a un salario mayor por poseer propiedad productiva, porque nadie la posee. Todo es de propiedad social.Y no tendrás derecho a un salario mayor, debido a que trabajas con mejores herramientas, o a que produzcas cosas de más valor, o incluso a tener un trato personal que te haga más productivo, porque no implican esfuerzo o sacrificio, sino suerte o dotación especial. Por supuesto, se aprecia que la productividad sea alta... pero no hay una paga extra por ello. Tanto moralmente como en lo que se refiere a los incentivos, la Economía Participativa hace precisamente lo que tiene sentido. Debido a nuestro sacrificio en el trabajo merecemos ser recompensados con una paga extra. Y esa paga extra se deriva de lo que de hecho podemos dar de más de nuestro esfuerzo.
    Bien, pero supón que tenemos consejos de trabajadores y consumidores. Supón que creemos en la participación, la democracia, e incluso en la auto-gestión. Supón incluso que nuestro lugar de trabajo tiene una típica división corporativa del trabajo. ¿Qué ocurrirá?
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    Aproximadamente el 20 por ciento de la fuerza de trabajo que monopoliza, mediante su posición en esta división corporativa del trabajo, las posiciones en cuanto a la toma de decisiones diarias y el conocimiento que es esencial para conocer qué ocurre y qué opciones existen y sus interpretaciones, serán los que establecerán la agenda. Sus declaraciones serán autoritarias. Incluso si otros trabajadores tienen derecho a voto, votarán sobre los proyectos y opciones reservadas sólo para la clase coordinadora. Será la voluntad de esta clase la que decida el resultado. Con el tiempo, esta élite también decidirá si merece un mayor salario para nutrir su gran sabiduría. Se diferenciará no sólo en el poder, sino en el salario y en el estatus.
    Así que ¿cuál es la alternativa?

    La Economía Participativa usa los complejos equilibrados de trabajo. En vez de combinar las tareas de manera que algunos trabajos tengan mucha autoridad y otros estén horriblemente anulados, que unos trabajos impliquen conocimiento y el tener autoridad mientras otros trabajos reducen el trabajo mental y sólo consisten en recibir órdenes, la Economía Participativa considera que debemos hacer a cada trabajo comparable a los otros en lo que respecta a sus efectos sobre la calidad de vida y sobre los efectos para ejercer la autoridad.
    Cada persona tiene un trabajo. Cada trabajo implica muchas tareas. Por supuesto en una Economía Participativa cada trabajo se adapta al talento, la capacidad y la energía de la persona que lo lleva a cabo. Pero cada trabajo es una mezcla de tareas y responsabilidades de manera que el conjunto de sus efectos sobre la calidad de vida y el conjunto de los efectos del uso de la autoridad del trabajo sean comparables para todos.
    En una Economía Participativa no existe alguien que sólo haga cirugía, sino que en vez de eso hay personas que hacen algo de cirugía, algo de limpieza en el hospital y algunas otras tareas, de manera que la suma de todas ellas incluya una mezcla equitativa de tareas. Una Economía Participativa no tiene directores y trabajadores. No tiene abogados o cocineros de bajo rango. No tiene ingenieros y trabajadores de una cadena de producción. Una Economía Participativa tiene personas que hacen una multitud de cosas en su trabajo, de manera que cada mezcla concuerde con la habilidad de esa persona, y que también conlleve una justa rotación de las tareas tediosas e interesantes, de las que implican autoridad y responsabilidad.
    Nuestro trabajo no nos prepara a unos cuantos de nosotros para mandar y al resto para obedecer. Nos prepara a todos para participar en la auto-gestión de los consejos de trabajadores y consumidores. Nos prepara a todos para ocuparnos del control de nuestras vidas e instituciones de una manera sensata y productiva.
    Pero ¿qué pasaría si tenemos una nueva economía con consejos de trabajadores y consumidores, con procesos para decidir normas mediante decisiones autogestionadas, remunerándose el esfuerzo y el sacrificio, y con complejos de trabajo equilibrado - pero combinamos todo esto con el mercado o la planificación centralizada para la asignación de recursos? ¿Funcionaría eso?
    Resulta que no, no funcionaría.
    El mercado destruye el plan de remuneración y crea un contexto competitivo en el cual los centros de trabajos tienen que reducir costes y buscar una cuota de mercado. Para hacer esto prácticamente no hay otra alternativa que aislar a alguna gente de la incomodidad que impone la reducción de costes, precisamente la gente que está destinada a decidir los costes a reducir, cómo aprovechar más la productividad a expensas de una mayor satisfacción, surgiendo así, de nuevo, la clase coordinadora situados por encima de los trabajadores, lo que viola el sistema de remuneración que nosotros preferimos, aumentando el poder y aplastando la auto-gestión que deseamos.
    El mercado por asignación supondría la ruina de todas las maravillosas innovaciones que habíamos buscado, imponiendo, en su lugar, el dominio del coordinador con las divisiones de trabajo y jerarquías, de beneficios y poder al viejo estilo.
    Y lo mismo valdría para la planificación centralizada. Surgirían demasiado pronto los planificadores y poco después surgirían los agentes directivos de esos planificadores en cada centro de trabajo, y después también todos esos sujetos en la economía que comparten el mismo tipo de credenciales. La planificación centralizada también impondría una división clasista, con una clase coordinadora y el dominio de ésta sobre los trabajadores, los cuales quedan subordinados.
    El problema es que tanto los mercados como la planificación centralizada subvierten los valores y las estructuras asociadas que habíamos considerado valiosas. Los mercados, incluso sin la propiedad privada de los medios de producción, desvirtúan las consideraciones a favor de los beneficios privados sobre los públicos y la competitividad encauza la personalidad en direcciones antisociales. Disminuyen e incluso destruyen la solidaridad. Recompensan en primer lugar el rendimiento y el poder y no el esfuerzo y el sacrificio. Dividen a los actores económicos en una clase en la que están intrínsecos el trabajo obediente y repetitivo y una clase que disfruta de facultades autoritarias y determinan los resultados económicos, al mismo tiempo que acumulan la mayoría de los ingresos. Aíslan a los compradores y a los vendedores de la mayoría de la población y no les dejan otra alternativa que ignorar mediante un espíritu competitivo las grandes consecuencias de su esfuerzo, incluyendo los efectos sobre la ecología.
    La planificación centralizada, en contraste, es autoritaria. Niega la auto-gestión y produce la misma división de clases y jerarquía que los mercados, primero con la distinción entre los planificadores y aquellos que llevan a cabo sus planes, y segundo recompensando generalmente mejor a los trabajadores que tienen autoridad que a los que no la tienen. Ambos sistemas de asignación de recursos subvierten esto en vez de impulsar los valores que nosotros consideramos correctos. ¿Cuál es la alternativa de la Economía Participativa a los mercados y a la planificación centralizada?
    Supón que en lugar de una imposición de arriba-abajo de las iniciativas planificadas centralizadamente y en lugar de un intercambio en un mercado competitivo en el que se aísla a compradores y vendedores, Optamos por una negociación de asignación de recursos autogestionada, cooperativa y bien informada, mediante la interconexión social de sujetos que tengan poder de decisión en proporción a cómo les afectan las iniciativas, que puedan tener acceso a la información y apreciaciones necesarias y precisas, y que cada uno tenga la formación y confianza convenientes para desarrollar y comunicar sus preferencias.
    . Eso sería compatible además con la auto-gestión participativa centrada en los consejos, con la remuneración del esfuerzo y el sacrificio, con las composiciones equilibradas de trabajo y también proporcionaría las verdaderas consideraciones del impacto personal, social y ecológico, y desalentaría la formación de una división de clases.
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    La planificación participativa es un sistema en el que los consejos de trabajadores y consumidores proponen sus actividades laborales y sus preferencias de consumo según un apropiado conocimiento de las implicaciones locales y globales, y las verdaderas consideraciones de los beneficios y costes globales de sus elecciones. El sistema utiliza una comunicación cooperativa de preferencias establecidas mutuamente mediante una variedad de simples principios y medios, comunicativos y organizativos, incluyendo lo que denominamos precios indicativos, juntas de asesoramiento, rondas de acomodación de nueva información y otros elementos, los cuales permiten a los sujetos expresar sus deseos, mediar y perfeccionarlos para de este modo sacar impresiones sobre los deseos de los demás, llegando a unas iniciativas compatibles, coherentes con la remuneración del esfuerzo y el sacrificio, los complejos de trabajo equilibrado, y la auto-gestión participativa. Los sujetos marcan sus preferencias. Aprenden de las que otros han sugerido. Alteran sus preferencias en un esfuerzo por conseguir un plan viable. En cada paso en la negociación cooperativa cada sujeto busca el bien social y el desarrollo, pero cada uno sólo puede progresar en relación con el avance social, no mediante la explotación de otros. Es imposible describir este sistema al completo y todas sus características, y mostrar cómo es de viable y valioso, en una pequeña charla como esta. Me gustaría recomendar el sitio web http://www.parecon.org (versión en español). En él hay todo tipo de material a cerca de la Economía Participativa, desde entrevistas a una sección de las preguntas más frecuentes y sus respuestas, ensayos, todos los libros, así como un breve resumen de la situación.
    La Economía Participativa crea un contexto en el que no tiene cabida la división en clases. Puedo obtener mejores condiciones de trabajo si mejora la media de los complejos de trabajo a través de una Economía Participativa. Puedo obtener mayores ingresos si me esfuerzo más o trabajo durante más tiempo con mis compañeros de trabajo, o si se incrementa el salario medio de la sociedad en conjunto. No sólo hago progresos en la solidaridad con otros sujetos económicos, sino que influyo en todas las decisiones económicas, incluyendo las de mi centro de trabajo y las del conjunto de la economía, con una influencia en proporción al impacto de esas decisiones sobre mí.
    La Economía Participativa no sólo elimina las injustas disparidades en materia de salud y salarios, sino que pone atención en su justa distribución. Si no se fuerza a los sujetos a competir con otros e infringir la vida de los demás, se crea solidaridad. No sólo no homogeniza los resultados, sino que genera diversidad. No sólo no da a una pequeña clase dominante un poder inmenso mientras se deja a la mayoría de la población con un control de sus vidas casi inexistente, sino que crea auto-gestión en la que todos tenemos la influencia adecuada.
    Ahora nos enseñan en la escuela a soportar el aburrimiento y a recibir órdenes, porque eso es lo que más necesita el capitalismo de la mayoría de nosotros. En una Economía Participativa aprenderemos a ser lo más capaces, creativos y productivos que podamos, y a participar como ciudadanos plenos.
    Una Economía Participativa es una economía solidaria, una economía diversa, una economía igualitaria, y una economía auto-gestionada. Es una economía sin clases.
    En una charla como esta, todo esto son simplemente unas reivindicaciones que hago empleando un poco de argumentación y motivación. Por supuesto, en una breve ponencia no se pueden ofrecer argumentos de peso. Pero espero que esta charla os haya hecho sentir que quizás todas estas pretensiones son correctas, que quizás haya una alternativa total al capitalismo, bien concretada, convincente y muy deseable, que realmente da respuestas a las cuestiones de cómo producir, consumir y asignar los recursos de una manera más efectiva y moral que en la actualidad.
    La Economía Participativa trata sobre cómo vivir después del capitalismo, y esa es nuestra tarea.
    Gracias.



    http://zinternational.zcommunication...h/indparec.htm
    Once comentarios sobre el programa y la visión de futuro de la economía participativa

    por Michael Albert

    I. El movimiento por una economía participativa: introducción
    Introducción a la economía participativa, innovadora propuesta económica para superar tanto el capitalismo como la planificación central dirigida.
    II. Remuneración justa
    ¿Cuál debe ser la base de la remuneración? El autor sostiene que no debemos remunerar ni el capital ni la productividad de cada uno sino el esfuerzo y sacrificio en el trabajo.
    III. Un programa para conseguir una remuneración justa
    Debemos luchar por todas aquellas medidas que redistribuyan los ingresos de arriba abajo: veamos cómo.
    IV. Auto-Gestión
    Qué significa auto-gestión y por qué creemos en ella.
    V. Un programa para conseguir la auto-gestión
    Si creemos en la auto-gestión como objetivo, ¿por qué cosas debemos luchar?
    VI. Trabajo digno
    ¿Cómo sería una división justa de tareas para cada persona, y cómo dividir las tareas para que nuestro trabajo fomente la auto-gestión?
    VII. Un programa para conseguir trabajo digno
    Cómo hacer para que todos los trabajos sean dignos y enriquecedores, empezando por los propios movimientos.
    VIII. Asignación participativa
    La asignación de recursos en economía puede hacerse de forma participativa, no es necesario ni el mercado capitalista ni la planificación central dirigida.
    IX. Un programa para conseguir la asignación participativa
    Demandas a corto plazo para incrementar el poder de trabajadores y consumidores, así como limitar los efectos nocivos del mercado capitalista.
    X. La economía y el resto de la sociedad
    ¿Qué relación tendría la economía participativa con la sociedad? Veamos cómo encajaría con una concepción social más justa y democrática.
    XI. El programa de la economía participativa
    Como colofón a la serie, se presenta un programa económico actual que sirviera para mejorar la vida de la gente hoy y a la vez sentar las bases para mejoras futuras.


    Otros artículos



    Kate Redmon entrevista a Michael Albert: Introducción a la Economía Participativa
    ¿Qué es la economía participativa?


    Justin Podur entrevista a Michael Albert: Sobre Economía Participativa
    Entrevista sobre Economía Participativa en la que Justin Podur cuestiona algunos aspectos de la visión de Albert, y a la vez intenta profundizar en temas que parecen ser secundarios para ésta, como la ecología o el racismo.
    Ni toda la oscuridad del mundo podrá acabar con la luz de una sola vela

    Los motivos para ser vegan@:
    http://www.youtube.com/watch?v=hPGKU...TbguMQkn14cxGA

 

 

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