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  1. #1
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    La falacia del racismo: las razas no existen


    La falacia del racismo: las razas no existen (I)

    Sergio Parra 28 de enero de 2009



    Aunque nos empecinamos en dividir a los seres humanos en razas (o más eufemísticamente, en etnias), lo cierto es que tal división, a la luz de los conocimientos que atesoramos, ya no tiene sentido, ni siquiera utilidad. Más todavía: la permanencia equívoca de tal división puede seguir siendo una fuente inagotable de problemas raciales.

    Por ejemplo, en Estados Unidos sólo el 10 por ciento de sus habitantes son considerados inequívocamente negros (ni os atreváis a mencionar la palabra nigger, negrata, seguramente la más políticamente incorrecta del momento). Es decir, que ni siquiera un 10 por ciento de la población americana tiene ascendencia africana, y su color de piel, además, no acostumbra a desentonar con el de muchas personas que todos consideramos como blancas.

    Mirad algunas fotografías de Colin Powell y comparadlas otras de Bush o de Rumsfeld, veréis que en algunas Powell presenta un color de piel más blanco a pesar de considerarse negro. Pero si nadie supiera que Powell es negro y posará con otro hombre de piel más oscura, entonces la gente creería que Powell es blanco.

    Esta pequeña anécdota pone de manifiesto el afán de la sociedad por clasificar racialmente a los individuos, incluso a los que son hijos de padres de distinta raza. Cada vez hay más mestizaje, pero nos resistimos a catalogar a nadie de mestizo. O es negro, o es blanco, o es chino, y así.

    Si queremos ser puros en nuestra apreciación racial, primero debemos aceptar que todos somos africanos. Si pasamos por alto este detalle, luego, por supuesto, existen europeos cien por cien europeos, por supuesto. Pero mucha más gente de la que imaginamos tiene antepasados negros y blancos, los mismos que usan un factor tan equívoco para catalogar a los demás como el color de su piel.

    Es verdad que en todas las culturas presentan coincidencias sustanciales a la hora de categorizar colores. Da igual donde nazcas, asignarás un nombre concreto a una longitud de onda concreta por motivos biológicos y psicológicos. Pero no por motivos físicos: no existen discontinuidades entre las longitudes de onda del espectro físico, sólo decidimos poner el nombre de azul y verde, aunque muchas veces no sepamos muy bien diferenciarlos y no dispongamos de un nombre para el color que bascula entre el azul y el verde. Tendemos a los absolutos. No estamos para matices ni gradientes. Pero los matices y los gradientes, a nivel físico, existen. Y también existen en el ámbito de las apreciaciones raciales, tanto en el color de la piel como en otras.

    Ante un amplio espectro interracial, las percepciones de los observadores diferirán entre sí de tal forma que será imposible determinar una correlación entre observadores, esa técnica que se emplea en el ámbito estadístico para determinar si existe una base fidedigna sobre la que fundamentar un juicio o una idea predeterminada.


    Fuente: http://www.genciencia.com/biologia/l...s-no-existen-i
    Última edición por RespuestasVeganas.Org; 19-dic-2010 a las 22:53

  2. #2
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    La falacia del racismo: las razas no existen (II)

    Sergio Parra 28 de enero de 2009



    Pero además de la piel, me argumentaréis, existen otros patrones para determinar la raza de un individuo. Por ejemplo, está ese pelo rizado de los negros, o sus labios gruesos. Y los chinos y sus inconfundibles ojos rasgados. Si cogiéramos a un grupo de observadores y les pusiéramos delante a individuos de distintas razas, de alguna forma casi intuitiva estamos seguros de que la mayoría serán correctamente clasificados racialmente. Esto, aunque sólo se cumple en los casos de escaso mestizaje, es cierto.

    Sin embargo, para un genetista, por mucho que nos confundan las percepciones y los prejuicios, los seres humanos presentan una uniformidad palpable. Richard Dawkins, en su último libro, El cuento del antepasado, lo expresa así:

    Si consideramos toda la variación genética de la población humana y medimos la fracción asociada a las divisiones regionales que denominamos razas, el resultado es un porcentaje muy pequeño del total: entre un 6 y un 15 % dependiendo del tipo de medición empleado; mucho menor, en cualquier caso, que en muchas otras especies en las que se reconoce la existencia de razas. (…) Si con excepción de una sola raza todos los seres humanos se extinguiesen, la mayor parte de la variación genética de la especie humana quedaría a salvo.
    Todo esto nos choca. Nuestra herencia intelectual y cultural es netamente racista hasta bien entrado el siglo XX. Pensadores de todos los signos, hasta hace bien poco, consideraban inferiores o inmundas a otras razas. Así que, ¿en qué cabeza cabe que ahora resulte que las razas no sean más que una ilusión de nuestra mente? Ahora está de moda no parecer racista, pero a nadie se le ha pasado por la cabeza que la mera clasificación por razas ya no tiene sentido.

    Pero, como dije antes, a nadie le costaría trabajo diferenciar a un chino y de un negro (aunque bioquímicamente no exista tal diferencia). Así pues, aunque sólo sea por cuestiones estéticas que saltan a la vista, ¿clasificar a la gente por razas puede tener sentido?

    Vuelve a hablar Dawkins:

    Es probable que las diferentes condiciones ambientales hayan ejercido fuertes presiones selectivas, sobre todo en las partes externamente visibles, como la piel, que son las más castigadas por el sol y el frío. No se me ocurre ninguna otra especie que prospere igual de bien desde los trópicos hasta el Ártico, desde las costas hasta las cumbres de los Andes, desde los desiertos más áridos hasta las junglas más húmedas, y en todas las regiones intermedias. Unas condiciones tan diferentes han de ejercer diferentes presiones selectivas, y sería muy extraño que las poblaciones autóctonas no divergiesen en consecuencia. Los cazadores de las intrincadas selvas de África, Sudamérica y el Sudeste asiático han reducido todos ellos, de forma independiente, su tamaño, porque la altura supone una desventaja en entornos de vegetación densa. Los habitantes de latitudes elevadas, que necesitan el máximo sol posible para fabricar vitamina D, tienden a tener la piel más clara que los que se enfrentan al problema opuesto de protegerse de los rayos cancerígenos del sol tropical. Es muy probable que esa selección geográfica afectase en especial a rasgos externos tales como el color de la piel, dejando intacta y uniforme la mayor parte del genoma.
    En épocas ancestrales tal vez era muy útil demonizar a las tribus vecinas que tenían costumbres, creencias e incluso idiomas diferentes. De esta manera era mucho menos traumático entrar en guerra con ellos: al no considerarse como iguales, sino inferiores, la conciencia no entraba en conflicto con los actos; y si se instauraba el tabú de que mantener sexo con los extraños, los diferentes, era impuro, pues tanto mejor. Esta tendencia parece sobrevivir en nuestros días. Pero ¿qué sentido tiene clasificar a las personas por razas según su aspecto exterior?

    Imaginaos que designamos a las personas rubias y altas con una palabra, y a las morenas y bajas con otra, y a las de ojos grandes y nariz aguileña, pues de otra. ¿Qué información suplementaria nos ofrecería tal clasificación en base a características físicas que, además, no siempre pueden encontrarse con pureza (a partir de qué altura determinamos que una persona es alta, a partir de qué tono de color es alguien rubio)? Lo cierto es que la información que obtenemos con esta clasificación es escasa, incluso nula; pero los efectos colaterales de tal clasificación alimentan el caldo de cultivo que ya se fraguó en las épocas ancestrales, tal y como lo escribía el genetista de Cambridge R. C. Lewontin en 1972:

    La clasificación racial del ser humano no tiene ningún valor social y destruye efectivamente las relaciones sociales y humanas. Teniendo en cuenta, además, que carece de toda relevancia tanto en sentido genético como taxonómico, no hay justificación posible para seguir empleándola.
    Hago hincapié en que saber si un hombre es negro o blanco nos puede ofrecer algún tipo de información que vaya más allá de lo evidente: su color de piel, por ejemplo. Pero esa información no posee valor sustancial en ningún sentido. Y, aunque lo tuviera en un escenario ideal (por ejemplo, para saber si un negro puro es menos apto para un puesto de trabajo que un blanco puro), ¿acaso no sería una perversidad semejante al de que una compañía aseguradora esté al tanto de nuestra predisposición para sufrir un cáncer?

    Tal y cómo lo refiere Dawkins, en un mundo donde cada vez hay más mezclas, las fronteras raciales ya no tienen sentido y resultan cada vez más difusas, y la escasa información que nos aporta su existencia apenas supera lo más evidente, deberíamos negarnos a rellenar formularios donde se nos obligue a marcar una casilla sobre nuestra categoría racial:

    Caucásico (que no sé lo que significará; natural del Cáucaso, desde luego, no); afroamericano; hispano (que no sé lo que significará; español, desde luego, no); nativo americano u otro. No hay casillas que pongan “mitad y mitad”. (…) En mi opinión, la discriminación positiva a favor de los estudiantes minoritarios en las universidades estadounidenses puede, en buena ley, condenarse por los mismos motivos que el apartheid. Ambos tratan a las personas como representantes de grupos y no como individuos por derecho propio.
    En fin, el asunto está repleto de sutilezas y seguro que creará una buena polémica en los comentarios. Pero no estaría mal que reflexionáramos sobre todo ello para cambiar algunos conceptos que ya son, sin duda, obsoletos.


    Fuente: http://www.genciencia.com/biologia/l...-no-existen-ii
    Última edición por RespuestasVeganas.Org; 19-dic-2010 a las 22:51

  3. #3
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    Es la verdad que las fronteras entre las razas son cada vez más difusas, si no han desaparecido ya completamente. El metizaje en sí mismo es bueno, sólo hay que observar la selección natural: ¿existen más perros de raza o mezclados? Pues eso.

    Sin embargo, me parece extremista la proposición de eliminar la diferenciación de las personas según sus atributos "raciales"- si es que he entendido bien el artículo. Porque no son ya tanto atributos raciales sino verdaderamente atributos físicos.

    Me explico. Las diferencias físicas siempre van a estar ahí, y a cada "raza" le asignamos una serie de atributos físicos que son interesantes en la vida cotidiana. Así, en una fiesta es absurdo ponerse a señala a una persona como "la que está a la derecha de los altavoces que en este momento mira al DJ, pero al de la esquina de arriba a la derecha, lo mira desde el altavoz de la izquierda y tal...". Es muchísimo más práctico decir: "mira china rubia detrás tuya", y ya me hago a la idea. Porque si en lo que nos fijamos los hombres (o las mujeres, inversión del género) en una fiesta es en el aspecto físico de las mujeres que no conocemos (si no nos fijaramos en el físico, este sería otro mundo), lo importante no es que sean mujeres que piensen exactamente igual que otra en Nueva York o en Nueva Delhi. Lo importante es como sean físicamente, y por eso es útil y económico, desde el punto de vista lingüístico, asignar a determinadas características físicas un grupo al que denominamos "raza". Para que nos entendamos, vaya.

    Y estas alusiones a la raza no deben ser malinterpretadas como un signo de racismo, o de desconocimiento. Porque para una persona culta, que todas las personas somos iguales es una verdad tan evidente que pueden distinguirlas racialmente sin que ello implique ningún tipo de connotación negativa. Así que el problema no es eliminar las diferenciaciones racistas del lenguaje, sino educar a la población para que no incurra en malentendidos o equivocaciones. El lenguaje es perfecto, si se entiende y se sabe usar.

  4. #4
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    enanone, es que no hay razas, no hay "diferencia racial" como dices sino diferentes tonalidades de color de piel.

    Saludos,
    David.

  5. #5
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    "Oh compañeros, no den a su cuerpo comida pecaminosa . Tenemos maiz, manzanas y uvas que doblan las ramas con su peso. [...]
    Solo las bestias satisfacen su hambre con carne, y ni siquiera todas ellas".

  6. #6
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    Qué alegría leer un artículo así...no entiendo cómo personas instruidas pueden seguir hablando de razas en la época en la que estamos.

  7. #7
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    Cita Iniciado por ZEN_ic Ver mensaje
    enanone, es que no hay razas, no hay "diferencia racial" como dices sino diferentes tonalidades de color de piel.

    Saludos,
    David.
    A cada tonalidad de piel, por economía del lenguaje, le asignamos un término que constituye un tipo determinado de "raza", sin que esto implique nada relacionado con su origen o sus costumbres.

    El que tiene la piel completamente negra, es un negro; el que la tiene algo más clara, moro (no es muy científico, ya lo sé), y el que tiene los ojos achinados, chino. Cuando en las películas sale el típico granjero americano gordo, camisa roja y pantalones vaqueros, pues "el típico yankee". Y ya está.

    La raza, entendido como hiperónimo de una serie de grupos raciales (sus hipónimos, diferenciados entre sí por determinadas cualidades físicas marcadas y diferenciadoras), existe y es aplicable en muchos de los casos. Cierto es que las diferencias son cada vez más difusas y que hay gente que difícilmente diríamos que es negra o blanca, pero cuando la diferencia es evidente, no encuentro el problema en diferenciar a las personas en subgrupos que denominamos razas (bien entendido).

  8. #8
    Usuari@ expert@ Avatar de amusgada
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    no, no hablamos de razas. Sólo en la Zoología, no referido al hombre.Infórmate un poco mejor. Hablamos de "clinas":

    En biología, clina se refiere sólo a un gradiente de densidad de cierto carácter dentro de un área geográfica y de un modo sincrónico con respecto a todas las otras posibles clinas de una misma especie.

    Más aún: El concepto de clina señala la posibilidad de gradación entre clinas, motivo por el cual señalar algún determinado clina es en gran medida una convención, ya que precisamente una de las implicaciones del concepto de clina es señalar algo fáctico: el constante flujo genético, el constante "mestizaje", la constante variabilidad de una especie. En este sentido, clina resulta un concepto bastante novedoso e inscrito en el marco de la ciencia que suele sustituir, por razones de precisión genética, al concepto de "raza" que se asocia al de subespecie.

    En lo atinente a Homo sapiens, el uso del concepto de clina es particularmente pertinente: La especie H. sapiens resulta ser única sin embargo de su gran variedad fenotípica, está demostrado que es una falsedad hablar de "subespecies" dentro de la especie humana. Y tal demostración científica está dada por la total interfertilidad de las diversas poblaciones humanas y el constante flujo genético.

    Aunque en la comunidad científica se ha divulgado la palabra clina, existe otra aún más precisa -pero con mucho menor uso- para indicar las variaciones fenotípicas preponderantes en diversas poblaciones de una misma especie, esta palabra es deme (variante de la griega δημος = pueblo). Con la palabra deme se señala a la existencia de una determinada frecuencia de caracteres fenotípicos en diversas zonas geográficas. Como en el caso de clina, la palabra deme también ratifica la unidad de la especie humana y sólo indica la variabilidad típica de toda especie, variabilidad dada principalmente por los factores ambientales (por ejemplo una mayor o menor heliofania (duración del brillo solar) implica respectivamente el surgimiento de grupos poblacionales con mayor o menor pigmentación dérmica, la vida en elevadas altitudes con el aire rarificado en oxígeno ha provocado la aparición de demes humanos con mayor dosis de glóbulos rojos en la sangre, de modo que se compensa la escasez del oxígeno en la atmósfera, la vida en climas glaciares ha provocado demes con piernas y brazos más cortos para disminuir la pérdida de energía por radiación), el predominio de tales caracteres ha sido en su conjunto una adaptación al medio, si bien, a diferencia de "raza" que supone "compartimentos estancos", el concepto de deme, como el de clina, señala la variabilidad adaptativa de una misma especie (en este caso de la humana); variabilidad adaptativa que trasunta un enriquecimiento de la variabilidad genética, variabilidad que tiene como una de sus principales ventajas una mayor resistencia de la especie humana a las diferentes noxas que puedan provocar enfermedades.

    Un amplio acervo genético, entre otros factores, contribuye a una amplia variabilidad de expresiones genéticas (diversidad genética) de toda población sujeta a variaciones clinales.

    Ejemplos de variaciones clinales son:

    * la regla de Bergmann: en las especies homeotermas,(característica que favorece una más adaptada relación volumen/superficie).
    * la regla de Allen: consecuente con la anterior, en las especies homeotermas las dimensiones de los apéndices (orejas, cola etc.) tiende a disminuir en climas fríos.
    * la regla de Gloger: la pigmentación de los individuos de una especie tiende a aumentar en los ambientes en donde la radiación solar es más intensa y el clima más húmedo.

    -

  9. #9
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    A mi me hace gracia los estadounidenses porque realmente son los que mas se comen el coco con lo de las "razas". Además como relativizan todo. Isabel Allende en su libro autobiográfico Paula cuenta que cuando se fue a Estados Unidos, rellenando no sé qué formulario le preguntaban lo de la raza y un poco desconcertada por las opciones (la latina y la blanca estaban separadas ) le pregunta a su marido si debe poner ambas , y este le dice que sólo latina. Ella se quedó pensativa, porque en Chile se la consideraba blanca en diferencia con mestiza , indígena o mulata.
    En callejeros viajeros en Tenesse una chica española comenta algo similar , pero lo de ella fue casi peor. No era blanca porque hablaba español y tampoco latina, porque venía de Europa, así que tuvo que tachar en la de "otros", jajajajaja, es para morirse visto así.

  10. #10
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    Cita Iniciado por enanone Ver mensaje
    A cada tonalidad de piel, por economía del lenguaje, le asignamos un término que constituye un tipo determinado de "raza", sin que esto implique nada relacionado con su origen o sus costumbres.

    El que tiene la piel completamente negra, es un negro; el que la tiene algo más clara, moro (no es muy científico, ya lo sé), y el que tiene los ojos achinados, chino. Cuando en las películas sale el típico granjero americano gordo, camisa roja y pantalones vaqueros, pues "el típico yankee". Y ya está.

    La raza, entendido como hiperónimo de una serie de grupos raciales (sus hipónimos, diferenciados entre sí por determinadas cualidades físicas marcadas y diferenciadoras), existe y es aplicable en muchos de los casos. Cierto es que las diferencias son cada vez más difusas y que hay gente que difícilmente diríamos que es negra o blanca, pero cuando la diferencia es evidente, no encuentro el problema en diferenciar a las personas en subgrupos que denominamos razas (bien entendido).
    No llevas razón. Lo que dices está totalmente superado y trasnochado.
    Amusgada te lo ha explicado perfectamente.

 

 
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